LIBRETO
SANTA MISA SOLEMNE
5to DIA DEL NOVENARIO A
NUESTRA SEÑORA DEL
MONTE CARMELO
PRESIDE
Card. Jonathan Godoy
VICARIO GENERAL DE LA DIOCESIS DE ROMA
CATEDRAL DIOCESANA DE EL CARMEN
XI - VII - MMXXVI
RITOS INICIALES
Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.
Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, incensarlo. Luego todos van a las sillas.
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
El Señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, esté con todos ustedes.
Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
(Del Tiempo Ordinario III)
El sacerdote invita a el arrepentimiento al pueblo con la siguiente formula:
Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.
Se hace una breve pausa en silencio.
Después el sacerdote o el diácono, u otro ministro, empleando éstas u otras invocaciones, con el Señor, ten piedad, dice:
Tú que no has venido a condenar sino a perdonar: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Tú que has dicho que hay gran fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente: Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Tú que perdonas mucho a quien mucho ama: Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Amén.
GLORIA
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros. Porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.
ORACION COLECTA
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Te suplicamos, Padre, que nos ayude la gloriosa intercesión de la Virgen María, y con su protección podamos llegar a Cristo, monte de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
(Is. 6, 1-8.)
- Del libro del profeta Isaías.
El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor, sentado
sobre un trono muy alto y magnífico. La orla de su manto
llenaba el templo. Había dos serafines junto a él, con seis
alas cada uno: con un par se cubrían el rostro; con otro,
se cubrían los pies, y con el otro, volaban. Y se gritaban
el uno al otro:
“Santo, santo, santo es el Señor, Dios de los ejércitos;
su gloria llena toda la tierra».
Temblaban las puertas al clamor de su voz y el templo
se llenaba de humo. Entonces exclamé: “¡Ay de mí!, estoy
perdido, porque soy un hombre de labios impuros, que
habito en medio de un pueblo de labios impuros, porque
he visto con mis ojos al rey y Señor de los ejércitos».
Después voló hacia mí uno de los serafines. Llevaba en
la mano una brasa, que había tomado del altar con unas
tenazas. Con la brasa me tocó la boca, diciéndome: “Mira:
Esto ha tocado tus labios. Tu iniquidad ha sido quitada y
tus pecados están perdonados».
Escuché entonces la voz del Señor que decía: «¿A quién
enviaré? ¿Quién irá de parte mía?» Yo le respondí: «Aquí
estoy, Señor, envíame»..
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 92)
℟. Señor, tú eres nuestro rey..
Tú eres, Señor,
el rey de todos los reyes.
Estás revestido
de poder y majestad. ℟.
Tú mantienes el orbe y no vacila.
Eres eterno,
y para
siempre está firme tu trono. ℟.
Muy dignas de confianza son tus leyes
y desde hoy y
para siempre, Señor,
la santidad adorna tu templo. ℟.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(1 Pe 4, 14)
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
Dichosos ustedes, si los injurian por ser cristianos, porque el Espíritu de Dios descansa en ustedes..
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
Padre, dame tu bendición.
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
Padre, dame tu bendición.
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo ✠ y del Espíritu Santo.
Amén.
EVANGELIO
(Mt 10, 24-33)
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
El diácono (o el sacerdote), dice:
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
Gloria a ti, Señor.
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
- En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «El discípulo no es más que el maestro, ni el criado más que su señor. Le basta al discípulo ser como su maestro y al criado ser como su señor. Si al señor de la casa lo han llamado Satanás, ¡qué no dirán de sus servidores! No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas. No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo. ¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo. A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos».
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
HOMILÍA
LITURGIA EUCARÍSTICA
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.
Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.
Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Escucha, Señor, la oración de tu pueblo y acepta nuestras ofrendas, para que, por intercesión de la santísima Virgen María, Madre de tu Hijo, sea atendido todo deseo y escuchada toda petición. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
PREFACIO
María, signo de consuelo y esperanza
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
El sacerdote prosigue:
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
El sacerdote añade:
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
El sacerdote prosigue el prefacio.
- En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno.
Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en esta conmemoración de la Virgen María del Carmelo. Porque ella concibió a tu único Hijo por obra del Espíritu Santo, y, sin perder la gloria de su virginidad, derramó sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo, Señor nuestro.
Por eso, los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales celebran tu gloria unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza:
En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando el himno "Santo".
PLEGARIA EUCARÍSTICA III
El sacerdote dice:
Santo eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus crea turas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti,
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que se conviertan en el Cuerpo ✠ la Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.
El relato de la institución de la Eucaristía debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE EL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERA ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
El sacerdote prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
El sacerdote prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTE ES EL CALIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDON DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN CONMEMORIA MIA.
Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
El sacerdote prosigue:
Éste es el Misterio de la fe.
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
Después, el sacerdote, con las manos extendidas dice:
Mons. Francisco Gómez:
El sacerdote prosigue:
Éste es el Misterio de la fe.
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
Después, el sacerdote, con las manos extendidas dice:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
Mons. Francisco Gómez:
Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.
CC2:
CC2:
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Benedicto, a nuestro Obispo Francisco Gómez, al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo salvado por ti.
Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.
† A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria,
Junta las manos.
por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
Amén.
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
RITO DE COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal
El sacerdote prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el sacerdote dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
Después el sacerdote dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
El sacerdote añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes
Y con tu espíritu.
Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio. Mientras tanto se canta "Cordero De Dios".
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Después de comulgar, el sacerdote se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
El Cuerpo de Cristo.
Amén.
El Cuerpo de Cristo.
Amén.
Al terminar de repartir la comunión, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Oremos.
Después de recibir los sacramentos celestiales te suplicamos, Dios nuestro, que cuantos nos alegramos en la celebración de la Virgen María, a ejemplo suyo colaboremos dignamente en el misterio de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN FINAL
(De La Santísima Virgen María)
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Que Dios, cuya providencia amorosa quiso redimir benignamente al género humano por medio de su Hijo santísimo nacido de la Virgen María, los colme de sus bendiciones.
Amén.
Que experimenten siempre y en todo lugar la protección de la Virgen María, por quien merecieron ustedes recibir al autor de la vida.
Amén.
Que a todos ustedes, que se han reunido hoy aquí para celebrar con devoción esta fiesta de María, el Señor les conceda los goces espirituales y los premios del cíelo.
Amén.
El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Amén.
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.
Demos gracias a Dios.
Después el sacerdote se retira a la sacristía.
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Subsidio Litúrgico