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Libreto litúrgico
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Cierre del año jubilar 2025 y clausura de la puerta santa
Preside: Su excelencia reverenda
Mons. César Yaziel Jiménez Morales
Santa Iglesia Catedral diocesana de nuestra Señora del monte Carmelo
XIX/XII/MMXXV
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RITOS INICIALES
Una vez reunido el pueblo, el Obispo se dirige a la Puerta Santa mientras se entona un himno.
CANTO DE ENTRADA
(Juntos Como Hermanos)
Cuando termine el canto, el obispo y los fieles, todos de pie, hacen la señal de la cruz mientras el obispo, mirando al pueblo dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟. Amén.
La paz esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
Despues de esto, el obispo invita al pueblo a bendecir a Dios con los textos de la Sagrada Escritura.
Bendito seas, Padre, porque sólo tú has hecho grandes cosas.
℟. Su misericordia perdura para siempre.
El obispo prosigue:
Bendito seas, Hijo Unigénito, que con tu sangre nos has librado de los pecados.
℟. Su misericordia perdura para siempre.
El obispo concluye:
Bendito seas, Espíritu Santo, consolador de las almas, dulcísimo consuelo.
℟. Su misericordia perdura para siempre.
A continuación exhorta a todos los fieles con las siguentes palabras:
Carísimos fieles, hermanos y hermanas, elevemos nuestras oraciones a Dios Padre todopoderoso, que nos ha concedido la gracia de celebrar este Año Jubilar por los 10 años de nuestra Comunidad. Supliquemos que Él continúe derramando sus bendiciones sobre nosotros, fortaleciéndonos en nuestra misión y sosteniéndonos en nuestro camino de fe.
Luego se guardan unos momentos de silencio. Después, el obispo, con las manos juntas, dice:
Oremos
Y todos rezan con el obispo un momento, en silencio.
Luego, el obispo, con los brazos abiertos, dice la oración:
Dios eterno y todopoderoso, alabamos tu nombre porque nos has guiado a lo largo de estos diez años de existencia de nuestra Comunidad Católica en Minecraft. Con gran alegría y agradecimiento celebramos este Jubileo, recordando las maravillas que has obrado entre nosotros. A través de este mundo virtual nos has llamado a ser tus instrumentos, construyendo no solo edificios digitales, sino también una verdadera Iglesia viva, compuesta de corazones ardientes de amor por ti y por el prójimo.
Nos has abierto los caminos de la evangelización y la comunión, recordándonos que Cristo es la puerta de las ovejas y el fundamento de nuestra fe. Nos has hecho un pueblo sacerdotal, llamado a proclamar las maravillas de tu redención y a dar testimonio de tu amor, incluso en el entorno digital.
Por eso, al concluir este Año Jubilar, te pedimos que la puerta de la gracia que tu Hijo nos abrió nunca se nos cierre. Líbranos de la disensión, la indiferencia y toda iniquidad. Haz que seamos cada vez más signos vivos de hospitalidad, constructores de puentes, preocupados por el prójimo, fieles a nuestra misión y constructores de tu Reino, que no tiene fin.
Concédenos perseverancia en este camino, para que caminando juntos alcancemos la plenitud de la vida en tu presencia, donde podamos vivir para siempre con Cristo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
Amén.
Luego, el obispo recibe la mitra y, arrodillado ante la Puerta Santa, reza en silencio unos instantes.
Después, se levanta y dice:
Por tu gran misericordia, entraré en tu casa, oh Señor. Ábreme las puertas de la justicia.
℟. Me inclinaré hacia tu santo templo.
El obispo cierra entonces en silencio la Puerta Santa.
Después, el obispo, precedido por los ministros del incienso y la cruz, procede en procesión a la Misa. Mientras tanto, se canta el himno del jubileo.
CANTO DE ENTRADA
(Peregrinos de Esperanza)
ACTO PENITENCIAL
A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:
Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.
Pausa de silencio.
todos dicen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Y, golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa.
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
Sigue la absolución del sacerdote:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟. Amén.
SEÑOR TEN PIEDAD
(Kyrie eleison)
SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD
CRISTO TEN PIEDAD DE NOSOTROS
CRISTO TEN PIEDAD DE NOSOTROS
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD
SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD
GLORIA
(Gloria in Excelsis deo)
GLORIA, GLORIA, GLORIA,
GLORIA A DIOS EN EL CIELO,
Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES
QUE AMA EL SEÑOR.
TE ALABAMOS, TE BENDECIMOS,
TE ADORAMOS, TE GLORIFICAMOS,
TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR,
POR TU INMENSA GLORIA,
TE DAMOS GRACIAS,
¡SEÑOR! ¡SEÑOR!,
DIOS REY CELESTIAL,
DIOS PADRE TODO PODEROSO. ℟.
SEÑOR, HIJO ÚNICO JESUCRISTO,
SEÑOR, DIOS CORDERO DE DIOS,
HIJO DEL PADRE,
TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD, TEN PIEDAD DE NOSOTROS,
TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
ATIENDE A NUESTRAS SÚPLICAS,
ATIENDE A NUESTRAS SÚPLICAS,
TÚ QUE ESTÁS SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE,
TEN PIEDAD, TEN PIEDAD DE NOSOTROS.
PORQUE SOLO TÚ ERES SANTO,
SOLO TÚ SEÑOR
SOLO TU ALTÍSIMO, JESUCRISTO.
CON EL ESPÍRITU SANTO,
EN LA GLORIA DE DIOS PADRE.
AMÉN.
ORACIÓN COLECTA
Terminado el himno, el Obispo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Luego el Obispo, con los brazos abiertos, dice la oración colecta:
Dios invisible y todopoderoso, que disipaste las tinieblas del mundo por la venida de la luz verdadera, míranos con bondad, para que nuestras alabanzas proclamen dignamente el sublime nacimiento de tu Hijo unigénito. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
Amén.
Liturgia de la palabra
Primera lectura
“el que ama a su hermano permanece en la luz”
(1ª carta de San Juan 2, 3-11)
Queridos hermanos:
La señal de que conocemos a Dios, es que cumplimos sus mandamientos.
El que dice: “Yo lo conozco”, y no cumple sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero en aquel que cumple su palabra, el amor de Dios ha llegado verdaderamente a su plenitud.
Ésta es la señal de que vivimos en Él. El que dice que permanece en Él, debe proceder como Él.
Queridos míos, no les doy un mandamiento nuevo, sino un mandamiento antiguo, el que aprendieron desde el principio: este mandamiento antiguo es la palabra que ustedes oyeron.
Sin embargo, el mandamiento que les doy es nuevo. Y esto es verdad tanto en Él como en ustedes, porque se disipan las tinieblas y ya brilla la verdadera luz. El que dice que está en la luz y no ama a su hermano, está todavía en las tinieblas. El que ama a su hermano permanece en la luz y nada lo hace tropezar. Pero el que no ama a su hermano, está en las tinieblas y camina en ellas, sin saber a dónde va, porque las tinieblas lo han enceguecido.
Palabra de Dios
R/. Te alabamos señor
Salmo responsorial
(Sal, 95, 1-3. 5b-6)
R/. ¡Alégrese el cielo y exulte la tierra!
Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra; canten al Señor, bendigan su Nombre. R/.
Día tras día, proclamen su victoria, anuncien su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre los pueblos. R/.
El Señor hizo el cielo; en su presencia hay esplendor y majestad, en su Santuario, poder y hermosura. R/.
Aclamación antes del evangelio
(Lucas, 2, 32)
R/. Aleluya, Aleluya, Aleluya
Luz para iluminar a los paganos y gloria de tu pueblo Israel
R/. Aleluya, Aleluya, Aleluya
Evangelio
(Lucas 2, 22-35)
“Luz para iluminar a los paganos”
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
El Señor esté con ustedes.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El diácono (o el sacerdote), dice:
✠ Lectura del santo Evangelio según san lucas.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
El pueblo responde:
Gloria a ti, Señor.
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor”. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con Él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
“Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”.
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de Él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.
Cuando termina el Evangelio, el diácono aclama:
Palabra del Señor.
El pueblo responde:
Gloria a ti, Señor Jesús.
Luego lleva el libro al Obispo, que lo besa en silencio y bendice al pueblo.
Después de la proclamación del Evangelio, el obispo pronuncia la homilía
Se dice el CREDO
Terminado el himno, el Obispo, con las manos juntas, dice:
Hermanos: Oremos para que la Igleisa presente en Minecraft continúe su misión apostólica con la misma intensidad y fidelidad que los primeros testigos de Cristo, diciendo con confianza:
℟. ESCÚCHANOS, SEÑOR.
1. Porque la Iglesia edificada sobre los Apóstoles del Cordero, para que no ofrezca oro ni plata a los hombres, sino fe y esperanza en Jesucristo. OREMOS
2.Para el Papa Benedicto VIII y para los obispos y fieles unidos a él, para que, llenos del Espíritu Santo, puedan transmitir la palabra de Jesús al mundo. OREMOS
3. Oremos por sacerdotes, misioneros y catequistas, para que puedan llevar la feliz proclamación del Evangelio a los fieles y a los paganos. OREMOS
4. Oremos por los líderes de las naciones, para que trabajen sin descanso por la justicia y la paz en todo el mundo. OREMOS
5. Oremos por los fieles y catecúmenos perseguidos hasta la muerte, para que el testimonio de los Apóstoles los estimule y su sangre sea la semilla de los cristianos. OREMOS
6. Para los miembros de nuestra Comunidad, para que, celebrando el cierre de su Jubileo de 10 años de misión y evangelización, puedan renovar su compromiso, alabar a Dios y servirle en los más necesitados. OREMOS
Señor, Dios Todopoderoso, que confirmaste con el poder de tu brazo el humilde testimonio de los Apóstoles, concédenos la gracia de ser heraldos del Evangelio, por la fuerza y la sabiduría del Espíritu. Por Cristo nuestro Señor.
El pueblo aclama:
Amén.
LITURGIA EUCARÍSTICA
Al comienzo de la liturgia eucarística se puede organizar una procesión de los fieles en la cual, con el pan y el vino, se pueden presentar dones para los pobres.
Mientras tanto se canta el siguiente himno u otro canto apropiado.
CANTO DE OFERTORIO
Inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. A continuación, el diácono inciensa al Obispo y al pueblo.
A continuación, el Obispo, de pie junto al altar, se lava las manos, orando en silencio.
Después, de pie en medio del altar y de cara al pueblo, el Obispo extiende y junta las manos y dice:
Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo se levanta y responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el Obispo, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas:
Recibe, Señor, nuestros dones en los que se realiza un admirable intercambio para que, al ofrecerte lo que nos diste, merezcamos recibirte a ti mismo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
El pueblo responde:
Amén.
PREFACIO
La restauración del universo en la Encarnación
℣. El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
℣. Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
℣. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.
El obispo prosigue el prefacio, con las manos extendidas:
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno
por Cristo, Señor nuestro.
Por el misterio santo que hoy celebramos,
el que era de naturaleza invisible
se hizo visible en nuestra naturaleza,
y el que es engendrado desde toda la eternidad
comenzó a existir en el tiempo
para asumir en sí mismo todo lo creado,
reconstruir lo que estaba caído
y encaminar al hombre descarriado hacia el Reino celestial.
Por eso, unidos a todos los ángeles,
te aclamamos llenos de alegría, diciendo:
SANTO
(Sanctus)
SANTO, SANTO, SANTO ES EL SEÑOR, DIOS DEL UNIVERSO.
LLENOS ESTÁN EL CIELO Y LA TIERRA DE TU GLORIA.
HOSANNA, HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO.
HOSANNA, HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO.
BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR.
HOSANNA, HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO.
HOSANNA, HOSANNA, HOSANNA EN EL CIELO.
PLEGARIA EUCARÍSTICA I
O CANON ROMANO
El obispo dice:
Padre misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes
Traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
y bendigas ✠ estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,
Con las manos extendidas, prosigue:
ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el papa Benedicto, con nuestro obispo César Yaziel, y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.
Conmemoración de los vivos
1C: Acuérdate, Señor, de tus hijos [N. y N.]
Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene la intención de orar.
Después, con las manos extendida, prosigue:
y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a tí, eterno Dios, vivo y verdadero.
Conmemoración de los Santos
2C: Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, [Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián] y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección.
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]
Con las manos extendidas, prosigue:
Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; que te presentamos en el día mismo en que nuestro Señor Jesucristo encomendó a sus discípulos la celebración del sacramento de su cuerpo y de su sangre, ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.
Extendiendo las mano sobre las ofrendas, dice:
Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti: que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.
Junta las manos.
En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
El cual, hoy, la víspera de padecer por nuestra salvación y la de todos los hombres,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan en sus santas y venerables manos,
Eleva los ojos.
y elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo
genuflexión.
Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, dice:
tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.
Luego dice:
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
℟. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
Después el obispo, con las manos extendidas, dice:
Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloría y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.
Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquísedec.
Inclinado, con las manos juntas, prosigue:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar,
Se endereza y se signa, diciendo:
seamos colmados de gracia y bendición.
junta las manos.
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]
Conmemoración de los difuntos
Con las manos extendidas, dice:
3C: Acuérdate también, Señor, de tus hijos [N. y N.], que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.
Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.
Después, con las manos extendidas, prosigue:
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.
Junta las manos.
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]
Con la mano derecha se golpea el pecho, diciendo:
4C: Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,
Con las manos extendidas, prosigue:
que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, [Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia,] y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad.
Junta las manos.
Por Cristo, Señor nuestro.
Y continúa:
Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟. Amén.
RITO DE COMUNIÓN
Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el obispo, con las manos juntas, dice:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
Solo el obispo, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Solo el obispo, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
El obispo vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, dice:
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
En Cristo, que nos ha hecho hermanos con su cruz, dense la paz como signo de reconciliación.
CORDERO DE DIOS
(Agnus Dei)
CORDERO DE DIOS QUE QUITAS, EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS.
CORDERO DE DIOS QUE QUITAS, EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS.
CORDERO DE DIOS QUE QUITAS, EL PECADO DEL MUNDO,
DANOS LA PAZ, DANOS LA PAZ,
DANOS DANOS, DANOS LA PAZ,
DANOS DANOS, DANOS LA PAZ.
El Obispo hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Canto de comunión
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Luego, de pie en el altar o en la sede, el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la Comunión:
Concédenos, Dios todopoderoso, que la eficacia de los santos misterios fortalezca constantemente nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.
El pueblo responde:
Amén.
TE DEUM
Terminada la oración después de la Comunión, se canta el A tí, oh Dios (Te Deum, laudamos).
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN SOLEMNE
El celebrante recibe la mitra y, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
Todos responden:
Y con tu espíritu.
Y, enseguida, el Obispo, con las manos extendidas sobre el pueblo, pronuncia la bendición:
El Dios de infinita bondad que por la encarnación de su Hijo disipó las tinieblas del mundo y por su glorioso nacimiento iluminó este santísimo día disipe las tinieblas del pecado e ilumine sus corazones con el esplendor de las virtudes.
Todos:
Amén.
El Obispo:
Él, que por medio del ángel quiso anunciar a los pastores la gran alegría del nacimiento del Salvador, llene de gozo sus corazones y los haga mensajeros de su Evangelio.
Todos:
Amén.
El Obispo:
Él, que por la encarnación de su Hijo unió la tierra con el cielo, les conceda la abundancia de su paz y de su amor, y los haga partícipes de la Iglesia celestial.
Todos:
Amén.
Y bendice a todo el pueblo añadiendo:
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Todos responden:
Amén.
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Vivan la vida misionera en acción y vocación. Pueden ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.
CANTO DE SALIDA
