SUBSIDIO LITURGICO PARA LA BENDICIÓN Y COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA

 


SUBSIDIO LITURGICO PARA LA BENDICIÓN Y COLOCACIÓN 
DE LA PRIMERA PIEDRA

4. Conviene que el obispo diocesano celebre el rito. Si él no puede hacerlo, encomendará este oficio a otro obispo o presbítero, sobre todo al que tenga como asociado y colaborador en el cuidado pastoral de la diócesis o de la comunidad para la cual se edifica la Iglesia.

7. Se usarán vestiduras de color blanco o festivo:

9. A la hora conveniente se hace la reunión en algún lugar apropiado, desde donde los fieles irán procesionalmente al lugar designado.

INICIO DE LA PROCESIÓN

El obispo, con mitra y báculo, se dirige con los ministros al lugar donde se haya reunido el pueblo. Allí deja el báculo y la mitra y saluda a los fieles con estas u otras palabras tomadas preferentemente de la sagrada Escritura:
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

Después, el obispo habla brevemente a los fieles para prepararlos a la celebración e ilustrar el sentido de la misma.

Terminada la monición, el obispo dice: 
Oremos.

Todos oran, por unos instantes, en silencio. 

Luego, el obispo prosigue:
Padre celestial, tú fundaste la Iglesia edificada sobre el cimiento de los apóstoles y con el mismo Cristo Jesús por piedra angular; haz que tu pueblo, reunido en tu nombre, te venere, te ame, te siga y vaya creciendo hasta formar un templo donde habite tu gloria, y así, llevado por ti, llegue finalmente a la ciudad celestial. Por Jesucristo nuestro Señor.
℟. Amén.

Después prosigue el diácono u otro ministro: 
Iniciemos nuestra procesión al sitio de la nueva iglesia, cantando las alabanzas del Señor.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos

Hermanos:
Ustedes no se han acercado a algo tangible: fuego ardiente, oscuridad, tinieblas, tempestad, sonido de trompeta, y un estruendo tal de palabras, que aquellos que lo escuchaban no quisieron que se les siguiera hablando.
Ustedes, en cambio, se han acercado a la montaña de Sion, a la Ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, a una multitud de ángeles, a una fiesta solemne, a la asamblea de los primogénitos cuyos nombres están escritos en el cielo. Se han acercado a Dios, que es el Juez del universo, y a los espíritus de los justos que ya han llegado a la perfección, a Jesús, el mediador de la Nueva Alianza, y a la sangre purificadora que habla más elocuentemente que la de Abel. 

Palabra del Señor.
℟. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
(Salmo 95)

℟. Cantemos la grandeza del Señor.

– Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre. ℟.

– Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. ℟.

– Familias de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor. ℟.

– Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble en su presencia la tierra toda. Decid a los pueblos: «El Señor es rey: él gobierna a los pueblos rectamente». ℟.

EVANGELIO
(Jn 4, 19-24)

El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

 Lectura del Santo Evangelio según san Juan.
℟. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, la mujer samaritana dijo a Jesús:
«Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar.»
Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.»

Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.


Después de la proclamación del Evangelio, el sacerdote pronuncia la homilía.

Al finalizar la homilía se leen los documentos de bendición de la primera piedra y del comienzo de la construcción del templo.

BENDICIÓN DEL TERRENO

Terminada la homilía, el obispo deja la mitra, se levanta y bendice el terreno de la nueva iglesia, diciendo:
Oremos. 
Dios, Padre nuestro, que llenas de tal manera el universo que tu nombre es glorificado en todas partes, bendice  a estos hijos tuyos que, con su generosidad y su trabajo, han dispuesto este terreno con la intención de edificar en él una iglesia para ti; haz que, con los mismos sentimientos de unidad y de alegría con que celebran hoy esta ceremonia inaugural, puedan luego celebrar en tu templo los sagrados misterios y alabarte para siempre en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. 
℟. Amén.

Luego, con la mitra puesta, el obispo asperja el sitio de la nueva iglesia con agua bendita, se entona un canto apropiado.

BENDICIÓN Y COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA

El obispo va al sitio donde se ha de colocar la primera piedra, deja la mitra y bendice la piedra diciendo:
Oremos. 
Señor, Padre santo, por el profeta Daniel prefiguraste a tu Hijo, nacido de la Virgen María, como la piedra desprendida de la montaña sin intervención humana y por el Apóstol lo designaste como único cimiento de tu Iglesia; dígnate bendecir  esta primera piedra que vamos a colocar en su nombre y concédenos que el mismo Jesucristo, a quien constituiste principio y fin de todas las cosas, asegure el comienzo, el progreso y el término de esta obra. Por Jesucristo nuestro Señor. 
℟. Amén.

El obispo rocía la piedra con agua bendita y la inciensa. Luego, toma de nuevo la mitra.

Después, el obispo coloca la primera piedra en los cimientos.

CONCLUSIÓN DEL RITO

El obispo invita a los fieles a orar, diciendo:

Unamos la voz de la Iglesia orante a la voz de Cristo y supliquemos al Padre celestial con las palabras que su Hijo nos enseñó.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
℟. Amén.

Oremos.
Señor, Padre santo, te glorificamos, porque a tus fieles, construidos por el bautismo como templos a ti consagrados, les concedes edificar santuarios dedicados a tu gloria; mira propicio a tus hijos que comienzan alegres la construcción de una nueva iglesia, y concédeles crecer para formar un templo para tu gloria, hasta que, perfeccionados con tu gracia, lleguen a la ciudad celestial. Por Jesucristo nuestro Señor. 
℟. Amén.

El obispo recibe la mitra y el báculo y bendice al pueblo como de costumbre. 

El diácono despide a la asamblea, diciendo: 
Podéis ir en paz. 

℟. Demos gracias a Dios.

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