Subsidio Litúrgico Ordenación Presbiteral

 



ORDENACIÓN SACERDOTAL

 P. Alvaro Perez

Conferida por
Su Excelencia Mons Elias Tapia
Administrador Apostólico de la Diócesis de Nuestra Señora del Monte Carmelo

Catedral Diocesana 23 de Marzo del 2026


INTRODUCCIÓN

Durante la celebración de esta Misa se llevará a cabo el rito de la ordenación sacerdotal del P. Alvaro Perez. El sacramento será conferido por su Excelencia Mons Elias Tapia, Administrador Apostólico de la Diócesis de Nuestra Señora del Monte Carmelo.

El rito preparatorio consiste en la presentación de los candidatos, la homilía del celebrante, las promesas sacerdotales y la promesa de obediencia.

El rito central consta de las letanías de los santos, la imposición de las manos por parte del Obispo y de algunos sacerdotes y la oración consagratoria.d

 Los ritos complementarios consisten en la investidura de los ornamentos sacerdotales, la unción de las manos, la entrega del cáliz y de la patena y el abrazo de la paz.


RITO DE INTRODUCIÓN

CANTO DE ENTRADA

Cuando el celebrante se dirige al altar, se canta el canto de entrada:

Pueblo de Reyes

Pueblo de reyes, asamblea santa,
pueblo sacerdotal, pueblo de Dios,
bendice a tu Señor. R/

Te cantamos, oh Hijo amado del Padre,
te alabamos, Eterna Palabra salida de Dios.
Te cantamos, oh Hijo de la Virgen María,
te alabamos, oh Cristo nuestro hermano,
nuestro Salvador.  R/

Te cantamos, a Ti, esplendor de la Gloria,
te alabamos, Estrella que anuncias el día.
Te cantamos, oh Luz que iluminas nuestras sombras,
te alabamos, Antorcha de la Nueva Jerusalén.  R/

Te cantamos, Mediador entre Dios y los hombres,
te alabamos, oh Ruta viviente, Camino del Cielo.
Te cantamos, Sacerdote de la Nueva Alianza,
te alabamos, oh Piedra angular y roca de Israel.  R/


El celebrante:
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo,

La asamblea:
Amén.

Saludo a la asamblea:
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre
y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.

La asamblea:
Y con tu espíritu.

El celebrante introduce la celebración e invita al arrepentimiento:
Queridos hermanos:
agradezcamos a Dios, Padre de bondad,
que nos concede celebrar la Eucaristía
en esta Catedral.

Queridos hermanos,
hoy presentan a la Iglesia a este diácono
para que sea admitido
al orden presbiteral.

Por el bautismo es ya parte viva del pueblo sacerdotal;
por la imposición de las manos
será consagrado ministro de Cristo,
maestro, sacerdote y pastor,
para contribuir con su servicio
a edificar el pueblo de Dios, que es la Iglesia

Junto con ellos nos dirigimos humildemente
al Padre misericordioso
y Dios de toda consolación para que,
purificados de toda mancha de pecado,
seamos dignos de celebrar con alegría este santo rito.

ACTO PENITENCIAL
El celebrante:
Hermanos, para celebrar dignamente estos sagrados
misterios, reconozcamos nuestros pecados.

La asamblea:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y a ustedes hermanos,
que he pecado mucho de pensamiento, palabra,
obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a
los santos y a ustedes hermanos, que intercedan por mí ante
Dios, nuestro Señor.

El celebrante:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

La asamblea:
Amén.

Después de un breve espacio de silencio, los cantores y la asamblea
invocan la misericordia divina:
KYRIE (MISSA VIII)
Kyrie Eleison
Kyrie Eleison

Christe Eleison
Christe Eleison

Kyrie Eleison
Kyrie Eleison


El cantor entona el Gloria:
GLORIA
(Gloria de Regnum Caelorum, Marcela de María)
Gloria a Dios en el Cielo, y en la Tierra paz a los hombres
de buena voluntad.
Por tu inmensa gloria, te alabamos, y te bendecimos, te
adoramos, te glorificamos, y te damos gracias, Señor Dios, Rey
celestial, Dios Padre todopoderoso.
Señor Único Hijo, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios,
Hijo del Padre, tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad
de nosotros, tú que quitas el pecado del mundo, atiende
nuestras súplicas, tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros, porque solo tú eres Santo, solo tú,
Señor, solo Tú, Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo en la
Gloria de Dios Padre.
Amén.

ORACIÓN COLECTA
El celebrante:
Oremos.
Señor Dios nuestro, que para regir a tu pueblo has querido
servirte del ministerio de los sacerdotes, concede a este
diácono de tu Iglesia que ha sido elegido para el presbiterado
perseverar al servicio de tu voluntad para que, en su
ministerio y en su vida, busque solamente tu gloria en Cristo.
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo por
los siglos de los siglos.

La asamblea:
Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
Lectura de la Profecía de Isaías 25, 6-10a El Señor me ha ungido y me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren y derramar sobre ellos perfume de fiesta. Lectura del libro de Isaías Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. Lo ha dicho el Señor. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»
Palabra de Dios
La asamblea: Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL

Salmo 22, 1-6
Habitaré en la casa del Señor por años sin término. R/
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. R/
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R/
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R/
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R/


SEGUNDA LECTURA Lectura de la carta del Apóstol Pablo a los Cristianos de Filipos 4, 12-14. 19-20 Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación. En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús. A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios
La asamblea:
Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
El cantor: Alabanza a ti, oh Cristo, Rey de Eterna Gloria.

La asamblea: Volveré a mi Padre y le diré, padre pequé contra Dios y contra ti
El cantor:
Alabanza a ti, oh Cristo, Rey de Eterna Gloria.
EVANGELIO
(Santo Evangelio Según San Mateo 22, 1-14)

V/.
El Señor esté con ustedes. R/. Y con tu espíritu. V/. Lectura del santo Evangelio según San Mateo. R/. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»
Palabra del Señor
La asamblea: Gloria a ti, Señor Jesús


LITURGIA DE LA ORDENACIÓN
PRESENTACIÓN DEL CANDIDATO Y HOMILÍA

Todos se sientan. En este momento comienza el rito de la ordenación sacerdotal. El candidato será llamado por su nombre y responderá «presente». El superior le presentará al celebrante como digno de recibir la ordenación sacerdotal por parte de la Iglesia. El celebrante lo aceptará de parte de Jesucristo y momentos después pronunciará la homilía.
El ordenando es llamado por el diácono:
Acérquese el que va a ser ordenado presbítero.
E inmediatamente le nombra; y se pone de pie y dice: Presente.
Después, dirigiéndose al celebrante, el superior dice: Reverendísimo Padre, la santa Madre Iglesia pide que ordenes presbítero a este hermano nuestro.
El celebrante pregunta: ¿Sabes si es digno?
El superior responde: Según el parecer de quienes lo presentan, después de consultar al pueblo cristiano, doy testimonio de que ha sido considerado digno.
El celebrante: Con el auxilio de Dios y de Jesucristo, nuestro Salvador, elegimos a este hermano nuestro para el orden de los presbíteros.
La asamblea: Demos gracias a Dios.

HOMILÍA

El celebrante habla al elegido y a la asamblea sobre el ministerio del
presbiterado.

PROMESA DE LOS ELEGIDOS

Como respuesta a las preguntas del celebrante, el diácono, expresará públicamente su deseo de ser sacerdote y prometerá ser fiel en el cumplimiento de su ministerio sacerdotal, en la predicación de la Palabra de Dios, en la celebración de los sacramentos y en la oración asidua. Finalmente prometerá obediencia a la Iglesia en la persona del Papa, de los Obispos y de sus superiores.

El elegido se coloca delante del celebrante, quien le dice: Querido hijo: antes de entrar en el Orden de los presbíteros debes manifestar ante el pueblo tu voluntad de recibir este ministerio.
¿Estás dispuesto a desempeñar siempre el ministerio sacerdotal con el grado de presbítero, como buen colaborador del Orden episcopal, apacentando el rebaño del Señor y dejándote guiar por el Espíritu Santo?
El elegido responde: Sí, estoy dispuesto.
El celebrante: ¿Estás dispuesto a realizar el ministerio de la palabra, preparando la predicación del Evangelio y la exposición de la fe católica con dedicación y sabiduría?
El elegido: Sí, estoy dispuesto.
El celebrante: ¿Estás dispuesto a presidir con piedad y fielmente la celebración de los misterios de Cristo, especialmente el sacrificio de la Eucaristía y el sacramento de la reconciliación, para alabanza de Dios y santificación del pueblo cristiano, según la tradición de la Iglesia?
El elegido: Sí, estoy dispuesto
El celebrante: ¿Estás dispuesto a invocar la misericordia divina con nosotros, en favor del pueblo que te sea encomendado, perseverando en el mandato de orar sin desfallecer?
El elegido: Sí, estoy dispuesto.
El celebrante: ¿Quieres unirte cada día más a Cristo, sumo Sacerdote, que por nosotros se ofreció al Padre como víctima santa, y con él consagrarte a Dios, para la salvación de los hombres?
El elegido: Sí quiero, con la gracia de Dios.
El celebrante: ¿Prometes respeto y obediencia al obispo diocesano y a tu superior legítimo?
El elegido: Prometo.
El celebrante: Dios, que comenzó en ti la obra buena, él mismo la lleve a término.


SÚPLICA LITÁNICA

Seguidamente, todos se levantan. El Obispo, de pie, hace la invitación: Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, para que derrame bondadosamente la gracia de su bendición sobre este siervo suyo que ha sido llamado al Orden de los Presbíteros.
El elegido se postra en tierra en señal de humildad, de amor y de donación a Dios que le ha llamado. La asamblea canta las letanías de los santos, pidiendo su intercesión por quien recibirá el ministerio de la Ordenación Sacerdotal.
Los cantores inician el canto de las letanías de los santos y la asamblea responde.

IMPOSICIÓN DE LAS MANOS Y ORACIÓN DE
CONSAGRACIÓN

La ordenación sacerdotal se realiza con la imposición de las manos y la oración consagratoria del celebrante. El celebrante, en silencio, impone las manos sobre la cabeza del diácono. Este gesto antiguo significa ya desde el tiempo de los apóstoles la transmisión del poder sacramental del Espíritu Santo. Una vez acabada la imposición, algunos de los superiores y sacerdotes, en representación de los sacerdotes presentes, también le impondrán las manos como gesto de comunión en el sacerdocio. La asamblea acompaña este momento, de pie y en oración silenciosa.
El elegido se acerca al celebrante y se arrodilla ante él. El celebrante impone las manos sobre su cabeza.
Durante la imposición de las manos del obispo y de los concelebrantes la asamblea invoca al Espíritu Santo en completo silencio.
El segundo momento de la ordenación sacerdotal se realiza cuando el candidato se arrodilla y el celebrante, con los brazos extendidos, pronuncia la oración consagratoria. Esta oración constituye la forma del sacramento. Son palabras que explican y realizan el significado del gesto de la imposición de las manos. Las palabras que están en mayúscula son las esenciales. Al concluir el rito de la imposición de las manos y la oración consagratoria, los candidatos son sacerdotes de Jesucristo para siempre.
El celebrante dice la oración consagratoria:
Asístenos, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, autor de la dignidad humana y dispensador de todo don y gracia; por ti progresan tus criaturas y por ti se consolidan todas las cosas. Para formar el pueblo sacerdotal, tú dispones con la fuerza del Espíritu Santo en órdenes diversos a los ministros de tu Hijo Jesucristo.
Ya en la primera Alianza aumentaron los oficios, instituidos con signos sagrados. Cuando pusiste a Moisés y Aarón al frente de tu pueblo, para gobernarlo y santificarlo, les elegiste colaboradores, subordinados en orden y dignidad, que les acompañaran y secundaran.
Así, en el desierto, diste parte del espíritu de Moisés, comunicándolo a los setenta varones prudentes con los cuales gobernó más fácilmente a tu pueblo.
Así también hiciste partícipes a los hijos de Aarón de la abundante plenitud otorgada a su padre, para que un número suficiente de sacerdotes ofreciera, según la ley, los sacrificios, sombra de los bienes futuros.
Finalmente, cuando llegó la plenitud de los tiempos, enviaste al mundo, Padre santo, a tu Hijo, Jesús, apóstol y pontífice de la fe que profesamos. Él, movido por el Espíritu Santo, se ofreció a ti como sacrificio sin mancha, y habiendo consagrado a los apóstoles con la verdad, los hizo partícipes de su misión; a ellos, a su vez, les diste colaboradores para anunciar y realizar por el mundo entero la obra de la salvación.
También ahora, Señor, te pedimos nos concedas, como ayuda a nuestra limitación, estos colaboradores que necesitamos para ejercer el sacerdocio apostólico.
TE PEDIMOS, PADRE TODOPODEROSO, QUE CONFIERAS A ESTE SIERVO TUYO LA DIGNIDAD DEL PRESBITERADO; RENUEVA EN SU CORAZÓN EL ESPÍRITU DE SANTIDAD; RECIBA DE TI EL SEGUNDO GRADO DEL MINISTERIO SACERDOTAL Y SEA, CON SU CONDUCTA, EJEMPLO DE VIDA.
Sea honrado colaborador del orden de los obispos, para qué por su predicación, y con la gracia del Espíritu Santo, la palabra del Evangelio de fruto en el corazón de los hombres y llegue hasta los confines del orbe.
Sea con nosotros fiel dispensador de tus misterios, para que tu pueblo se renueve con el baño del nuevo nacimiento, y se alimente de tu altar; para que los pecadores sean reconciliados y sean confortados los enfermos.
Qué en comunión con nosotros, Señor, implore tu misericordia por el pueblo que se le confía y en favor del mundo entero.
Así todas las naciones, congregadas en Cristo, formarán un único pueblo tuyo que alcanzará su plenitud en tu Reino.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
La asamblea: Amén.

IMPOSICIÓN DE LOS ORNAMENTOS SACERDOTALES

Todos se sientan. El neosacerdote, se reviste con los ornamentos sacerdotales, signo visible del carácter sagrado de su ministerio. Algunos sacerdotes ayudan a revestir a su nuevo hermano en el sacerdocio.

UNCIÓN DE LAS MANOS

El recién ordenado presentará las manos al celebrante para que sean ungidas con el santo crisma. La palabra «cristo» significa «el ungido». Con esta señal se subraya que los nuevos ordenados son «otro Cristo».
El celebrante unge con el santo crisma las manos del recién ordenado diciendo:
Jesucristo, el Señor, a quien el Padre ungió con la fuerza del Espíritu Santo, te auxilie para santificar al pueblo cristiano y para ofrecer a Dios el sacrificio.


ENTREGA DEL PAN Y EL VINO

El celebrante entregará al neosacerdote la patena con el pan y el cáliz con el vino. Este gesto indica que el sacerdote está ordenado para celebrar el sacrificio eucarístico y que él mismo participa en el sufrimiento y la cruz redentora del Señor.
El ordenado se acerca al celebrante y se arrodilla. Éste entrega al ordenado la patena con el pan, y el cáliz con el vino, preparados para la celebración de la Misa, diciendo: Recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor.


ABRAZO DE LA PAZ

El rito de la ordenación sacerdotal termina con el abrazo de la paz, que el celebrante y algunos sacerdotes darán al recién ordenado, como signo de caridad sacerdotal.
El nuevo sacerdote se acerca al celebrante y recibe de él el abrazo y el beso de la paz.
El celebrante: La paz esté contigo.
El nuevo sacerdote: Y con tu espíritu.


LITURGIA EUCARÍSTICA

El celebrante: Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.
La asamblea: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
El celebrante: Tú has querido, Señor, que tus sacerdotes sean ministros del altar y del pueblo; te rogamos que, por la eficacia de este sacrificio, el ministerio de tus siervos te sea siempre grato y dé frutos permanentes en tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
La asamblea: Amén.

PREFACIO

El celebrante invita a la asamblea a elevar su corazón hacia el Señor en la oración y en la acción de gracias, y la asocia a sí mismo en la solemne oración que él, a nombre de todos, dirige al Padre por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo.
V/. El Señor esté con ustedes. R/. Y con tu espíritu. V/. Levantemos el corazón. R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor. V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/. Es justo y necesario. El celebrante: En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Que constituiste a tu único Hijo Pontífice de la Alianza nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo, y determinaste, en tu designio salvífico, perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio.
Él no sólo confiere el honor del sacerdocio real a todo su pueblo santo, sino también, con amor de hermano, elige a hombres de este pueblo, para que, por la imposición de las manos, participen de su sagrada misión.
Ellos renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, preparan a tus hijos el banquete pascual, presiden a tu pueblo santo en el amor, lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con los sacramentos.

Tus sacerdotes, Señor, al entregar su vida por ti y por la salvación de los hermanos, van configurándose a Cristo, y han de darte así testimonio constante de fidelidad y amor.
Por eso, nosotros, Señor, con los ángeles y los santos cantamos tu gloria diciendo:

SANTO
Santo, santo, santo. Señor Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosana en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosana en el cielo.


PLEGARIA EUCARÍSTICA

El Obispo dice:

CP Padre misericordioso, te pedimos humildemente por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa León, con nuestro Papa de la comunidad Benedicto, conmigo, indigno siervo tuyo, y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.

Conmemoración de los vivos

C1 Acuérdate, Señor, de tus hijos N. y N y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

Conmemoración de los santos

C2 Reunidos en comunión con toda la Iglesia, para celebrar el domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, San José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés,
[
Santiago y Juan, Tomás, Santiago y Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián,]
y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección.
[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

El Obispo prosigue:

CP Acepta, Señor, en tu bondad esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; te la ofrecemos también por tus hijos que han sido llamados al Orden de los presbíteros; conserva en ellos tus dones para que fructifique lo que han recibido de tu bondad[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

Señalando las ofrendas dice:

Si se juzga oportuno, el diácono o seminarista efectúa una (1) campanada.

CC Bendice y santifica, oh Padre, esta ofrenda haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti, de manera que sea para nosotros Cuerpo y Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.

El cual, la víspera de su Pasión,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó pan en sus santas y venerables manos, y elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos. diciendo: Se inclina un poco.
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTO ES MI CUERPO
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.


Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.
Mientras tanto, si se juzga oportuno, el diácono o seminarista efectúa 3 campanadas e inciensa el frente del Altar.

Después prosigue:

Del mismo modo, acabada la cena,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, dice:

tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos; dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos diciendo: Se inclina un poco.
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

Mientras tanto, si se juzga oportuno, el diácono o seminarista efectúa 3 campanadas e inciensa el frente del Altar.

Luego el sacerdote sigue con la siguiente fórmula:

CP Éste es el Misterio de la fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Después el Obispo dice:

CC Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor; de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo; pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.

Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, seamos colmados de gracia y bendición.
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

Conmemoración de los difuntos.

C3 Acuérdate también, Señor, de tus hijos N. y N., que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.
[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

C4 Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, [Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia y Anastasia] y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad.
Por Cristo, Señor nuestro.


CP Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.

Toma la patena con el pan y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:

CP Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente,
CC en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.


El pueblo aclama:

Amén.


RITO DE COMUNIÓN

Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:

Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

Solo el Obispo, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.  

Solo el Obispo, con las manos extendidas, prosigue diciendo:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. 
Junta las manos. 

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

℟. Amén. 

El Obispo vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade: 
La paz del Señor esté siempre con ustedes.
℟. Y con tu espíritu. 

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 
Dense fraternalmente la paz.

CORDERO DE DIOS

CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS.

CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD DE NOSOTROS.

CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
DANOS LA PAZ.

El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN 

El celebrante: 
Oremos. 
Te pedimos, Señor, que el sacrificio que te hemos ofrecido y la víctima santa que hemos comulgado llenen de vida a tus sacerdotes y a tus fieles, para que, unidos a ti por un amor constante, puedan servirte dignamente. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

La asamblea: 
Amén.


RITO DE CONCLUSIÓN 
BENDICIÓN 

El celebrante: 
El Señor esté con ustedes.

La asamblea: 
Y con tu espíritu. 

El celebrante: 
Que Dios, que dirige y gobierna la Iglesia, te proteja continuamente con su gracia a fin de que cumplas fielmente el ministerio presbiteral.

La asamblea: 
Amén. 

El celebrante: 
Que él te haga en el mundo servidor y testigo de la verdad y del amor divino y ministro fiel de la reconciliación 

La asamblea: 
Amén. 

El celebrante: 
Que te haga verdadero pastor para que distribuyas a los fieles la Palabra de la vida y el Pan vivo, para que crezcan en la unidad del cuerpo de Cristo. 

La asamblea: 
Amén. 

El celebrante:
Y a todos ustedes, que están aquí presentes,
 los bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo. 

La asamblea: 
Amén. 

El diácono: 
Pueden ir en paz. 

La asamblea: 
Demos gracias a Dios

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