SUBSIDIO LITURGICO PARA LA CONSAGRACIÓN,
DEDICACIÓN Y TOMA DE POSESION
DE LA PARROQUIA
SAN MIGUEL ARCANGEL
RITOS INICIALES
El obispo y los presbíteros con-celebrantes, los diáconos y ministros, revestidos con sus respectivas vestiduras litúrgicas, van al sitio donde está reunido el pueblo.
El obispo deja el báculo, se quita la mitra y saluda al pueblo con estas u otras palabras tomadas preferentemente de la sagrada Escritura:
La gracia y la paz estén con todos vosotros, en la santa Iglesia de Dios.
℟. Y con tu espíritu.
Luego, el obispo se dirige al pueblo con estas u otras palabras parecidas:
Llenos de alegría, queridos hermanos, en esta solemne día, nos hemos reunido para dedicar una nueva iglesia, con la celebración del sacrificio del Señor. Participemos por tanto activamente, oigamos con fe la palabra de Dios, para que nuestra comunidad y Diócesis, renacida en la misma fuente bautismal y alimentada en la misma mesa, crezca para formar un templo espiritual y, reunida junto al mismo altar, aumente su amor cristiano.
Terminada la monición, el obispo recibe la mitra y el báculo y comienza la procesión hacia la iglesia. No se llevan cirios fuera de los que van junto a las reliquias de los santos. No se quema incienso, ni durante la procesión ni en la misa antes del rito de incensación del altar y de la iglesia. Delante irá el crucífero, al que siguen los ministros, luego los diáconos o los presbíteros que llevan las reliquias de los santos, rodeados por ministros o fieles con antorchas encendidas, los presbíteros con-celebrantes, el obispo con dos diáconos detrás suyo y finalmente los fieles.
Al llegar a la puerta de la iglesia, se detienen. Los delegados de quienes edificaron la iglesia (fieles de la parroquia o de la diócesis, donantes, arquitectos, obreros) hacen entrega del edificio al obispo, presentándole, según las circunstancias, o las escrituras de posesión del nuevo edificio, o las llaves, o el plano del edificio, o el libro que describe la marcha de la obra con los nombres de quienes la dirigieron y de los obreros. Uno de los delegados se dirige brevemente al obispo y a comunidad, para ilustrar, si es el caso, el significado de la arquitectura de la iglesia. Luego, el obispo pide al presbítero que habrá de gobernar pastoralmente la iglesia que abra las puertas de la iglesia. 33. Abierta la puerta, el obispo invita al pueblo a entrar en la iglesia, con estas u otras palabras parecidas:
Entrad por las puertas del Señor con acción de gracias, por sus atrios con himnos.
Entonces, detrás del crucífero, el obispo y los demás entran en la iglesia. Al entrar la procesión, se canta la antífona siguiente:
Cuando la procesión llega al presbiterio, se colocan las reliquias en un sitio adecuado, en medio de antorchas. Los presbíteros con-celebrantes, los diáconos y ministros van a sus puestos. El obispo, sin besar el altar, va a la cátedra. Luego, deja el báculo, se quita la mitra y saluda al pueblo con estas u otras palabras tomadas preferentemente de la sagrada Escritura:
La gracia y la paz estén con todos ustedes, en la santa Iglesia de Dios.
℟. Y con tu espíritu.
Bendición y Aspersión del agua
Los ministros llevan el agua al obispo, que está de pie en la Sede. El obispo invita a todos a orar con estas u otras palabras parecidas:
Queridos hermanos, al dedicar a Dios nuestro Señor esta casa, supliquémosle que bendiga esta agua, creatura suya, con la cual seremos rociados, en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo, y con la cual se purificarán los muros y el nuevo altar. Que el mismo Señor nos ayude con su gracia, para que, dóciles al Espíritu Santo que hemos recibido, permanezcamos fieles en su Iglesia.
Y todos oran, por unos instantes, en silencio. Luego, el obispo continúa:
Dios, Padre nuestro, fuente de luz y de vida, que tanto amas a los hombres que no sólo los alimentas con solicitud paternal, sino que los purificas del pecado con el rocío de la caridad y los guías constantemente hacia Cristo, su Cabeza; y así has querido, en tu designio misericordioso, que los pecadores, al sumergirse en el baño bautismal, mueran con Cristo y resuciten inocentes, sean hechos miembros suyos y coherederos del premio eterno; santifica con tu bendición ✠ esta agua, creatura tuya, para que, rociada sobre nosotros y sobre los muros de esta iglesia sea señal del bautismo, por el cual, lavados en Cristo, llegamos a ser templos de tu Espíritu; concédenos a nosotros y a cuantos en esta iglesia celebrarán los divinos misterios llegar a la celestial Jerusalén. Por Jesucristo nuestro Señor.
℟. Amén.
El obispo, acompañado por los diáconos, rocía con agua bendita al pueblo y los muros de la iglesia, pasando por la nave de la misma; de regreso al presbiterio, rocía el altar. Mientras tanto, se canta una de las antífonas siguientes u otro canto adecuado:
El Obispo introduce la celebración con algunas palabras que explican el sentido de la misma.
LECTURA DEL NOMBRAMIENTO DEL PÁRROCO
Seguido de la introducción, el diacono, el canciller o algún otro presbítero lee ante el pueblo el nombramiento del nuevo párroco.
PROFESIÓN DE FE Y PROMESA DE FIDELIDAD A LA IGLESIA
Leído el nombramiento el Obispo sentado en la sede con la mitra puesta, puede dirigir al nuevo párroco las siguientes palabras:
Querido hijo: Hoy se te encomienda la misión de dirigir el pueblo cristiano de esta Parroquia y de enseñarle lo que la Iglesia ha recibido de Jesucristo. Por ello, conviene que ahora, en presencia de este mismo pueblo que te escuchará, profeses públicamente aquella misma fe que les debes enseñar.
ROFESIÓN DE FÉ
(Fórmula para utilizar en los casos en que el derecho prescribe la profesión de fe)
Yo, N., creo con fe firme y profeso todas y cada una de las cosas contenidas en el Símbolo de la fe, a saber:
Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Creo, también, con fe firme, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida por la Tradición, y que la Iglesia propone para ser creído, como divinamente revelado, mediante un juicio solemne o mediante el Magisterio ordinario y universal.
Acepto y retengo firmemente, asimismo, todas y cada una de las cosas sobre la doctrina de la fe y las costumbres propuestas por la Iglesia de modo definitivo.
Me adhiero, además, con religioso obsequio de voluntad y entendimiento a las doctrinas enunciadas por el Romano Pontífice o por el Colegio de los Obispos cuando ejercen el Magisterio auténtico, aunque no tengan la intención de proclamarlas con un acto definitivo.
JURAMENTO DE FIDELIDAD
AL ASUMIR UN OFICIO
QUE SE HA DE EJERCER EN NOMBRE DE LA IGLESIA
(Fórmula que deben utilizar los fieles cristianos a los que se refiere el canon 833, 5-8)
Yo, N., al asumir el oficio..., prometo mantenerme siempre en comunión con la Iglesia católica, tanto en lo que exprese de palabra como en mi manera de obrar.
Cumpliré con gran diligencia y fidelidad las obligaciones a las que estoy comprometido con la Iglesia tanto universal como particular, en la que he sido llamado a ejercer mi servicio, según lo establecido por el derecho.
En el ejercicio del ministerio que me ha sido confiado en nombre de la Iglesia, conservaré íntegro el depósito de la fe y lo transmitiré y explicaré fielmente; evitando, por tanto, cualquier doctrina que le sea contraria.
Seguiré y promoveré la disciplina común a toda la Iglesia, y observaré todas las leyes eclesiásticas, ante todo aquellas contenidas en el Código de Derecho Canónico.
Con obediencia cristiana acataré lo que enseñen los sagrados pastores, como doctores y maestros auténticos de la fe, y lo que establezcan como guías de la Iglesia, y ayudaré fielmente a los obispos diocesanos para que la acción apostólica que he de ejercer en nombre y por mandato de la Iglesia, se realice siempre en comunión con ella.
Que así Dios me ayude y estos santos evangelios que toco con mis manos.
Himno y colecta
Luego, se dice el himno Gloria a Dios en el cielo
Terminado el himno, el obispo, con las manos juntas, dice:
Oremos.
Todos oran, por unos instantes, en silencio. Luego, el obispo, con las manos extendidas, dice: Dios todopoderoso y eterno, derrama tu gracia sobre este lugar y socorre a cuantos en él te invocan;
que el poder de tu palabra y de los sacramentos fortalezcan aquí el corazón de todos los fieles. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
El obispo, de pie y con la mitra puesta, toma el leccionario, lo muestra al pueblo y dice: Resuene siempre en esta casa la palabra de Dios, para que conozcáis el misterio de Cristo y se realice vuestra salvación dentro de la Iglesia.
℟. Amén.
PRIMERA LECTURA
(8, 2-4a. 5- 6. 8-10)
Del libro de Nehemías:
En aquellos días, el día primero del mes séptimo, el sacerdote Esdras trajo el libro de la ley ante la comunidad: hombres, mujeres y cuantos tenían uso de razón. Leyó el libro en la plaza que está delante de la Puerta del Agua, desde la mañana hasta el mediodía, ante los hombres, las mujeres y los que tenían uso de razón.
Todo el pueblo escuchaba con atención la lectura del libro de la ley. El escriba Esdras se puso en pie sobre una tribuna de madera levantada para la ocasión. Esdras abrió el libro en presencia de todo el pueblo, de modo que toda la multitud podía verlo; al abrirlo, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo al Señor, el Dios grande, y todo el pueblo respondió con las manos levantadas: «Amén, amén». Luego se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra. Los levitas leyeron el libro de la ley de Dios con claridad y explicando su sentido, de modo que entendieran la lectura. Entonces el gobernador Nehemías, el sacerdote y escriba Esdras, y los levitas que instruían al pueblo dijeron a toda la asamblea: «Este día está consagrado al Señor, su Dios. No estén tristes ni lloren». (y es que todo el pueblo lloraba al escuchar las palabras de la ley). Nehemías les dijo: «Vayan, coman buenos manjares y beban buen vino, e inviten a los que no tienen nada preparado, pues este día está consagrado al Señor. ¡No se pongan tristes; el gozo del Señor es su fuerza!».
Palabra de Dios
℟. Te alabamos, Señor
SALMO RESPONSORIAL
(Salmo 19)
℟. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye a los ignorantes. ℟.
Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. ℟.
El temor del Señor es puro y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos. ℟.
Que te agraden las palabras de mi boca, y llegue a tu Presencia el meditar de mi corazón, Señor, Roca mía, Redentor mío. ℟.
SEGUNDA LECTURA
(12, 12-30)
De la primera carta del Apóstol san Pablo a los Corintios:
Hermanos: lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. Pues el cuerpo no lo forma un solo miembro, sino muchos. Si dijera el pie: «Puesto que no soy mano, no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Y si el oído dijera: «Puesto que no soy ojo, no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿Dónde estaría el oído?; si fuera todo oído, ¿Dónde estaría el olfato? Pues bien, Dios distribuyó cada uno de los miembros en el cuerpo como quiso. Si todos fueran un solo miembro, ¿Dónde estaría el cuerpo? Sin embargo, aunque es cierto que los miembros son muchos, el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No los necesito». Sino todo lo contrario, los miembros que parecen más débiles son necesarios. Y los miembros del cuerpo que nos parecen más despreciables los rodeamos de mayor respeto; y los menos decorosos los tratamos con más decoro; mientras que los más decorosos no lo necesitan. Pues bien, Dios organizó el cuerpo dando mayor honor a lo que carece de él, para que así no haya división en el cuerpo, sino que más bien todos los miembros se preocupen por igual unos de otros. Y si un miembro sufre, todos sufren con él; si un miembro es honrado, todos se alegran con él. Pues bien, ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno es miembro. Pues en la Iglesia Dios puso en primer lugar a los apóstoles en segundo lugar, a los profetas; en el tercero, a los maestros; después, los milagros; después el carisma de curaciones, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas ¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos interpretan?
Palabra de Dios
℟. Te alabamos, Señor
PROCLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
℟. Aleluya, aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor» ℟.
℟. Aleluya, aleluya, aleluya.
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣. Padre, dame tu bendición.
℣. Padre, dame tu bendición.
℟. El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo ✠ y del Espíritu Santo.
℣. Amén.
Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
EVANGELIO
(1,1-4; 4,14-21)
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
El diácono (o el sacerdote), dice:
✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
℟. Gloria a ti, Señor.
(No se llevan ciriales, ni incienso)
Luego el diácono o el sacerdote, proclama el Evangelio.
Ilustre Teófilo: puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la Palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su orden, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en Él. Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acaban de oír».
Palabra del Señor.
℟. Gloria a ti, Señor Jesús.
Después, el Obispo hace la Homilía.
CREDO
(Símbolo de los Apóstoles)
Acabada la homilía, se hace la profesión de fe
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
ORACIÓN DE DEDICACIÓN Y UNCIONES
Letanías de los santos
Después, el obispo invita al pueblo a orar, con estas u otras palabras parecidas: Oremos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, quien de los corazones de los fieles ha hecho para sí templos espirituales, y juntemos nuestras voces con la súplica fraterna de los santos.
Fuera de los domingos y del tiempo pascual, el diácono dice: Pongámonos de rodillas. E, inmediatamente, el obispo se arrodilla ante su sede; también los demás se arrodillan.
Entonces, se cantan las letanías de los santos, a las que todos responden.
Acabadas las letanías, el obispo (si está arrodillado, se pone de pie), con las manos extendidas, dice: Te pedimos, Señor, que, por la intercesión de la santa Virgen María y de todos los santos, aceptes nuestras súplicas, para que este lugar que va a ser dedicado a tu nombre sea casa de salvación y de gracia, donde el pueblo cristiano, reunido en la unidad, te adore con espíritu y verdad y se construya en el amor. Por Jesucristo nuestro Señor.
℟. Amén.
Fuera de los domingos y del tiempo pascual, el diácono dice: Pongámonos de pie.
El obispo vuelve a ponerse la mitra
Colocación de la Reliquia
Un diácono o un presbítero lleva las reliquias al obispo, quien las coloca en el sepulcro preparado para recibirlas. Mientras tanto, se canta una de las antífonas o un canto adecuado.
Oración de dedicación
Hecho lo anterior, el obispo, de pie y sin mitra, junto a la cátedra o junto al altar, dice en voz alta: Oh Dios, santificador y guía de tu Iglesia, celebramos tu nombre con alabanzas jubilosas, porque en este día tu pueblo quiere dedicarte, para siempre, con rito solemne, esta casa de oración, en la cual te honra con amor, se instruye con tu palabra y se alimenta con tus sacramentos.
Este edificio hace vislumbrar el misterio de la Iglesia, a la que Cristo santificó con su sangre, para presentarla ante sí como Esposa llena de gloria, como Virgen excelsa por la integridad de la fe, y Madre fecunda por el poder del Espíritu.
Es la Iglesia santa, la viña elegida de Dios, cuyos sarmientos llenan el mundo entero, cuyos renuevos, adheridos al tronco, son atraídos hacia lo alto, al reino de los cielos. Es la Iglesia feliz, la morada de Dios con los hombres, el templo santo, construido con piedras vivas, sobre el cimiento de los Apóstoles, con Cristo Jesús como suprema piedra angular.
Es la Iglesia excelsa, la Ciudad colocada sobre la cima de la montaña, accesible a todos, y a todos patente, en la cual brilla perenne la antorcha del Cordero y resuena agradecido el cántico de los bienaventurados.
Te suplicamos, pues, Padre santo, que te dignes impregnar con santificación celestial esta iglesia y este altar, para que sean siempre lugar santo y una mesa siempre lista para el sacrificio de Cristo.
Que en este lugar el torrente de tu gracia lave las manchas de los hombres, para que
tus hijos, Padre, muertos al pecado, renazcan a la vida nueva.
Que tus fieles, reunidos junto a este altar, celebren el memorial de la Pascua y se fortalezcan con la palabra y el cuerpo de Cristo.
Que resuene aquí la alabanza jubilosa que armoniza las voces de los ángeles y de los hombres, y que suba hasta ti la plegaria por la salvación del mundo.
Que los pobres encuentren aquí misericordia, los oprimidos alcancen la verdadera libertad, y todos los hombres sientan la dignidad de ser hijos tuyos, hasta que lleguen, gozosos, a la Jerusalén celestial.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
Unción del altar y de los muros de la iglesia
Luego, el obispo se quita, si es necesario, la casulla y toma un gremial, va al altar con los diáconos y otros ministros, uno de los cuales lleva el recipiente con el crisma.
El obispo, de pie ante el altar, dice en voz alta:
El Señor santifique con su poder este altar y esta casa que vamos a ungir, para que expresen con una señal visible el misterio de Cristo y de la Iglesia.
Luego, vierte el crisma en el medio y en los cuatro ángulos del altar, y es aconsejable que unja también toda la mesa.
Incensación del altar y de la iglesia
Después del rito de la unción, se coloca sobre el altar un brasero para quemar incienso.
Suba, Señor, nuestra oración como incienso en tu presencia y, así como esta casa se llena de suave olor, que en tu Iglesia se aspire el aroma de Cristo.
Entonces, el obispo echa incienso en los incensarios e inciensa el altar. Luego, vuelve a la cátedra, es incensado y se sienta. Los ministros, pasando por la nave de la iglesia, inciensan al pueblo y los muros.
Iluminación del altar y de la iglesia
Terminada la incensación se cubre el altar con el mantel y lo adornan, según sea oportuno.
Después, el diácono se acerca al obispo, el cual, de pie, le entrega un pequeño cirio encendido, diciendo en voz alta:
Brille en la Iglesia la luz de Cristo para que todos los hombres lleguen a la plenitud de la verdad
Luego, el obispo se sienta. El diácono va al altar y enciende los cirios para la celebración de la eucaristía. Entonces, se hace una iluminación festiva: se encienden todos los cirios, las candelas colocadas donde se han hecho las unciones y todas las lámparas de la iglesia, en señal de alegría.
TOMA DE POSESIÓN DE LOS DIVERSOS LUGARES CELEBRATIVOS
Terminada la homilía, el pueblo permanece en sus lugares, mientras se organiza una pequeña procesión. Precede el turiferario, sigue la cruz procesional en medio de dos acólitos con cirios y finalmente el nuevo párroco y el Obispo asistido por dos diáconos.
PUERTA DE LA IGLESIA
En la puerta de la Iglesia el Obispo entrega al nuevo párroco las llaves del edificio mientras le dice:
Recibe las llaves de esta Iglesia como signo de autoridad. Cuida de abrirla oportunamente para que los fieles puedan acudir a celebrar los misterios cristianos y a orar en la presencia del Señor. Procura también que, en la misma forma que cuidas que las puertas de este templo estén abiertas, abras también, con tu palabra y con tu conducta, para Dios el corazón de los fieles.
Mientras el párroco recibe las llaves el coro y el pueblo pueden entonar un canto apropiado.
CAMPANARIO
El Obispo invita al nuevo párroco a tocar las campanas, diciéndole:
Cristo, que murió en la cruz para reunir a los hijos de Dios disperso por el pecado, te encomienda que seas asiduo en convocar a tus fieles para que, al sonido de estas campanas, se apresuren a congregarse en esta iglesia. Haz sonar, pues, las campanas parroquiales para señalar los días de fiesta, los tiempo de oración y los principales acontecimientos que afectarán, con alegría o con lágrimas a esta comunidad o a algunos de sus miembros.
El nuevo párroco hace resonar las campanas 12 veces; mientras el coro y el pueblo entonan un canto apropiado.
EL BAUTISTERIO
Llegados a la fuente bautismal el Obispo dice al nuevo párroco:
Esta es la fuente de la vida que mana del costado de Cristo y limpia los pecados del mundo. Este es el seno materno de la santa Madre Iglesia que engendra hijos para la eternidad. En esta fuente bautismal harás renacer, por el agua y el Espíritu Santo, tanto los niños que te presenten los padres cristianos como los adultos que se conviertan a la fe.
El Obispo pone incienso en el incensario y lo bendice, luego el párroco inciensa la fuente bautismal mientras el coro y el pueblo entonan un canto apropiado.
SEDE PENITENCIAL
Junto al confesionario el Obispo dice al nuevo párroco:
Dios ha amado tanto al mundo que le ha entregado a su Hijo para que nadie perezca sino que todos tengan vida eterna. En este lugar el Señor, a través de tu ministerio, realizará maravillas en los corazones arrepentidos. Cuida, pues de reconciliar con Dios a los fieles que después del bautismo hayan recaído en el pecado y a aquellos que acudan a ti deseando convertirse más plenamente a Dios. Este es el trono de la gracia para alcanzar misericordia.
El Obispo invita al nuevo párroco a que se siente en el confesionario mientras el coro y el pueblo entonan un canto apropiado.
CAPILLA DE LA RESERVA EUCARÍSTICA
Si la Eucaristía se reserva en la nave central de la Iglesia, el siguiente rito se realiza al terminar la distribución de la comunión, de lo contrario sigue como a continuación se indica. Llegados a la capilla de la reserva eucarística el Obispo entrega al nuevo párroco la llave del sagrario diciendo:
Recibe la llave de este sagrario preparado para reservar el Sacramento del cuerpo y la sangre santísimos de Jesucristo: Cuida de llevar la Eucaristía a los moribundos y a los demás enfermos; sé asiduo en adorar el Santísimo Sacramento del Altar y enseña a tus fieles a visitar a nuestro Señor Jesucristo, presente en la santa Eucaristía. Cuida que nunca deje de arder aquí una lámpara para señalar a los fieles la presencia del Señor.
El Obispo pone incienso en el incensario (sin bendecirlo) e invita al nuevo párroco a incensar el Sagrario. Tanto el Obispo, sin solideo, como sus diáconos y el nuevo párroco se arrodillan durante la incensación. Mientras se inciensa, el coro y el pueblo pueden entonar algún canto a la Eucaristía (Vgr. Adoro te devote; Tantum ergo; Bendito, Pange lingua).
Los ministros le ofrecen al Nuevo párroco la casulla sacerdotal para que se revista.
SEDE PRESIDENCIAL
Terminada la procesión por los diversos lugares de la Iglesia el Obispo sentado en la Sede dice al nuevo párroco:
En la persona del Obispo, Jesús, el buen Pastor, está presente en medio de su pueblo. Es él, en efecto, quien por medio de nosotros, sus ministros, continúa anunciando el Evangelio y presidiendo la oración de sus fieles. Tú, también, como cooperador de tu Obispo, ocupando este Sede, serás imagen de Jesucristo, predicarás su Evangelio y presidirás la oración de la Iglesia que se reúne en esta parroquia.
El Obispo entonces se levanta e invita al nuevo párroco a sentarse unos momentos en la Sede presidencial mientras el coro y el pueblo entonan un canto apropiado.
ALTAR
Finalmente, el Obispo invitar al nuevo párroco a besar el altar diciéndole:
Esta es la mesa del Señor. Alrededor de la misma congregarás a los hijos de la Iglesia y, en nombre de Jesucristo, presidirás la Eucaristía para que tus fieles puedan unirse al sacrificio de Cristo y participen así de la Cena del Señor.
Concluido el rito de toma de posesión, tanto el Obispo como el nuevo párroco van a sus sedes respectivas. Los acólitos que portaban la cruz alta, los cirios, el turiferario van a sus respectivos lugares. La celebración prosigue como de costumbre.
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Recibe, Señor, nuestras ofrendas y concede a tu pueblo, unido en la plegaria, ser fortalecido por tus sacramentos y obtener lo que pide en sus oraciones. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Señor y Dios nuestro, que has querido darnos en tu Iglesia un signo temporal de la Jerusalén celeste, concédenos, por esta comunión, ser transformados aquí en templos de tu gracia y entrar un día en el Reino de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
LITURGIA EUCARÍSTICA
Los diáconos y los ministros preparan el altar como de costumbre.
Cuando todo está preparado, el obispo va al altar, deja la mitra y lo besa.
La misa continúa como de costumbre, pero no se inciensan los dones ni el altar.
El sacerdote, de pie en el centro del altar, dice:
Oremos, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso
℟. El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Recibe, Señor, nuestras ofrendas y concede a tu pueblo, unido en la plegaria, ser fortalecido por tus sacramentos y obtener lo que pide en sus oraciones. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.
PREFACIO
El Señor esté con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque te has dignado habitar
en toda casa consagrada a la oración,
para hacer de nosotros,
con la ayuda constante de tu gracia,
templos del Espíritu Santo,
resplandecientes por la santidad de vida.
Con tu acción constante,
Señor, santificas a la Iglesia,
esposa de Cristo,
simbolizada en edificios visibles,
para que así,
como madre gozosa por la multitud de sus hijos,
pueda ser presentada en la gloria de tu reino.
Por eso,
con todos los ángeles y santos,
te alabamos, proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo...
PLEGARIA EUCARÍSTICA I
O CANON ROMANO
El sacerdote dice:
PADRE misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes
Traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
y bendigas ✠ estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,
Con las manos extendidas, prosigue:
ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa Benedicto, con mi hermano Sergio, Arzobispo de esta iglesia de Guadalajara, conmigo indigno siervo tuyo, y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.
Conmemoración de los vivos
1C: Acuérdate, Señor, de tus hijos [N. y N.]
Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene la intención de orar.
Después, con las manos extendida, prosigue:
y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.
Conmemoración de los Santos
2C: Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, [Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián] y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección.
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]
Con las manos extendidas, prosigue:
Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.
Extendiendo las mano sobre las ofrendas, dice:
Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti: que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.
En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
Él cual, la víspera de su Pasión,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan en sus santas y venerables manos,
Eleva los ojos.
y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTO ES MI CUERPO
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTO ES MI CUERPO
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.
Luego dice:
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
℟. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloría y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.
Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.
Inclinado, con las manos juntas, prosigue:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar,
Se endereza y se signa, diciendo:
seamos colmados de gracia y bendición.
junta las manos.
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]
Conmemoración de los difuntos
Con las manos extendidas, dice:
3C: Acuérdate también, Señor, de tus hijos [N. y N.], que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.
Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.
Después, con las manos extendidas, prosigue:
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.
Junta las manos.
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]
Con la mano derecha se golpea el pecho, diciendo:
4C: Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,
Con las manos extendidas, prosigue:
que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, [Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia,] y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad.
Junta las manos.
Por Cristo, Señor nuestro.
Y continúa:
Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟. Amén.
RITO DE COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:
Junto con el pueblo, continúa:
℟. Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal
El sacerdote prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
℟. Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el sacerdote dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
El sacerdote junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
El sacerdote añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟. Y con tu espíritu.
Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.
Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
Se canta o se dice:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
℟. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Después se imparte la comunión.
Inauguración de la capilla del santísimo sacramento
Después de la comunión, se deja sobre la mesa del altar el copón con el santísimo sacramento. El obispo va a la cátedra y todos oran, por unos instantes, en silencio. Luego, el obispo dice la oración después de la comunión.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Oremos.
Señor y Dios nuestro, que has querido darnos en tu Iglesia un signo temporal de la Jerusalén celeste, concédenos, por esta comunión, ser transformados aquí en templos de tu gracia y entrar un día en el Reino de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟. Amén.
Después, el obispo vuelve al altar e inciensa, de rodillas, el santísimo sacramento y, tomando el velo humeral, recibe el copón en sus manos, cubiertas con dicho velo. Se ordena la procesión, en la cual, marchando todos detrás del crucífero, se lleva el santísimo sacramento con cirios e incienso por la nave de la iglesia a la capilla de la reserva.
Cuando la procesión llega a la capilla de la reserva, el obispo coloca el copón sobre el altar, o bien en el sagrario, dejando la puerta abierta, impone incienso e inciensa arrodillado el santísimo sacramento. Después de unos momentos de oración en silencio, el diácono pone el copón en el sagrario o bien cierra la puerta del mismo. Un ministro enciende la lámpara que arderá continuamente delante del santísimo sacramento.
la procesión regresa al presbiterio por el camino más corto y el obispo imparte la bendición desde el altar o desde la cátedra.
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN SOLEMNE
En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
El Señor esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
Dios, Señor del cielo y de la tierra, que os ha congregado hoy para la dedicación de esta iglesia, multiplique sobre vosotros las bendiciones del cielo.
℟. Amén.
Él, que quiso reunir en su Hijo a todos los hijos dispersos, haga de vosotros templo suyo y morada del Espíritu Santo.
℟. Amén.
Para que así, felizmente purificados de toda mancha, podáis tener en vosotros a Dios como huésped y poseer, con todos los santos, la herencia de la eterna dicha. la heredad del reino eterno.
℟. Amén.
El obispo toma el báculo y prosigue:
Y la bendición de Dios todopoderoso Padre ✠, Hijo ✠, y Espíritu ✠ Santo, descienda sobre vosotros y permanezca siempre.
℟. Amén.
El diácono:
Podéis ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.